A las 20 dela tarde
Ateneu llibertari de Gràcia
Ni Déu. Ni Estat. Ni Pàtria. Ni patró. Ni Partit. Ni Marit.
Presentación de los dos volúmenes
Los caminos del comunismo libertario
a cargo de Myrtille Gonzalbo
La génesis del proceso que llevó a la experimentación del proyecto comunista libertario que emprendemos nos obliga a remontarnos a los años 1868-1872, aquellos en los que las ideas y las prácticas anarquistas en curso de elaboración en el crisol primero de la AIT, y después de la Internacional antiautoritaria, se combinaron magistralmente con el fondo antiestatista, anticlerical y anticapitalista de una parte de las clases populares españolas.
A partir de entonces, sobre todo en Cataluña, Andalucía y Levante, se buscaron, encontraron y en ocasiones se llevaron a cabo formas de resistir al proceso capitalista de reducción de los hombres a su fuerza de trabajo.
Cuando se trató de concebir la sociedad futura, las modalidades del proyecto comunista libertario —tal como se habían forjado en el seno de la Internacional antiautoritaria en 1880, y adoptado de inmediato prácticamente en todas las demás secciones— dieron lugar durante los años siguientes a polémicas muy duras en España entre los colectivistas anarquistas, próximos a las Ideas sobre organización social de James Guillaume (1876), y los comunistas anarquistas (los primeros comunistas libertarios), inspirados por las tesis de Kropotkin reunidas en 1892 en La conquista del pan.
Estas divergencias, tanto en el plano de las ideas como en el de las prácticas, aunque expresadas por primera vez a mediados de la década de 1880, se inscribieron de forma duradera en el movimiento libertario español.
Pero no son reductibles —como a menudo se ha propuesto— a una confrontación entre la opción legalista y la opción ilegalista, unida o no al recurso a la violencia.
Tampoco se pueden abordar oponiendo a los individualistas a los colectivistas, o las luchas en el medio urbano a las luchas en el medio rural, o bien las resistencias dentro de los lugares de trabajo (fábricas, talleres) a las que surgían en los lugares de existencia (calle, barrio, municipio). Sí se puede, sin embargo, aludir a una polaridad que emergió y se estableció de forma duradera entre el « posibilismo » sindicalista y la « intransigencia » revolucionaria.
De eso hablaremos
Los giménologos, 26 de sptiembre de 2026